Recientemente leí un artículo aparecido en el periódico inglés The Guardian en el de que se hablaba de la experiencia de una crítica gastronómica, Angela Hui, en la inauguración de Lucky Cat, el nuevo restaurante del polémico chef británico Gordon Ramsay. Ramsay defiende la “autenticidad asiática” de su nuevo establecimiento ante la acusación de apropiación cultural lanzada por Hui, que alegaba que en la inauguración era “la única persona asiática en una sala de 30-40 periodistas y cocineros”. Ciertamente el desequilibrio racial entre el público asistente refleja un problema de representación en una sociedad tan mestiza como la británica, que Gordon Ramsay

Encontrándome en una ocasión en el aeropuerto de Estambul, en uno de esos interminables tiempos de espera entre vuelos, agotado por el viaje y la espera, apagué mi móvil, guardé el libro que estaba leyendo y decidí contemplar el trasiego de gente. La enorme diversidad de los viajeros – judíos ortodoxos camino de Tel Aviv, mujeres musulmanas cubiertas hacia los países del Golfo, japoneses con rostros cubiertos por mascarillas esperando con paciencia el vuelo nocturno a Tokio, rusos, centroasiáticos, africanos… – me llevó a pensar en el cruce de caminos, civilizaciones, productos y gentes que esta parte del mundo siempre había

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